Quizás esto se debe a que todos tenemos esa canción que nos identifica, la que nos lleva a un mundo perfecto, o esa que nos recuerda a una época feliz, o la que te recuerda a una persona muy querida. O simplemente que cada vez que la escuchas quieres bailar hasta no poder más. La música nos da la vida que el mundo nos quita. Ella además, nos identifica, nos ayuda con los problemas, hace los momentos inmejorables, amansa las fieras y relaja las tensiones.
Ahora pensando, creo que he usado mal la frase; la música no es parte de nuestra vida, la música es nuestra vida. A través de ellas somos capaces de decir quién somos y dónde nos movemos. Nuestro estilo musical nos define.
Aquí comparto un poquito de mi vida, esta canción no es con la que más me identifico, pero sí la mejores sensaciones me trae. Recuerdo las tardes de invierno, llenas de agobio y alguna que otra lagrimilla, dónde lo único que conseguía calmarme era esta melodía. No recuerdo la primera vez que la escuché, pero si la primera vez que no pude dejar de oírla; el día en el que todo me superaba.
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